Cuando supe que Aldeia da Pedralva, en el municipio de Vila do Bispo, quería apostar en la celebración de bodas LGBT, me dio curiosidad. Conocía el nombre, sabía que era un proyecto de turismo rural, pero nunca había estado allí. Decidí pasar unas noches en la aldea para entender qué la hace diferente y si tiene sentido como escenario para una boda. Pedralva estuvo prácticamente abandonada durante años, hasta que fue recuperada a través de un proyecto que devolvió la vida a las antiguas casas de la aldea, manteniendo la arquitectura tradicional y transformando el espacio en un alojamiento turístico repartido por varias viviendas. Después del check-in, recibí la llave de la casa donde me alojaría. A diferencia de la mayoría de los alojamientos turísticos, aquí no hay pasillos ni puertas numeradas. Cada huésped se aloja en una de las antiguas casas de la aldea, lo que hace que la experiencia sea muy diferente a la de una estancia en un hotel. Las calles empedradas, las fachadas encaladas, el silencio y la ausencia del movimiento típico de las zonas turísticas hacen olvidar que las playas de la Costa Vicentina quedan a pocos minutos de distancia. El ambiente es tranquilo e invita a desacelerar. Durante la estancia también visité el restaurante, la piscina y los demás espacios comunes. Todo fue pensado para mantener la identidad del lugar, sin desvirtuar lo que la aldea fue durante décadas.
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